El redoble

 

Introducción

Sanseacabó. La séptima temporada de Game of Thrones llegó y se fue tan rápido que apenas dio tiempo a acostumbrarse a su presencia cada lunes (o domingo madrugada para los más valientes).

En la música, cuando se está produciendo una subida de la melodía, se suele acompañar de un redoble de tambores, para aumentar la sensación de que algo está a punto de pasar. La sensación que me ha quedado al final de la temporada es que se ha tratado de un inmenso redoble de tambores. Un redoble para preparar el gran final que merece esta historia.

En este ensayo haré un análisis general de las impresiones que me han quedado después de estos intensos siete capítulos. Después de unas vacaciones y un revisionado en frío creo que la visión puede ser más objetiva.

En la primera parte analizaré el ritmo y el estilo que está tomando la serie, para centrarme en los personajes en la segunda parte. Al final pondré el apartado de mejores y peores momentos de la temporada para mí.

¡Empecemos!

El ritmo y la previsibilidad

Intensa. Si hay una palabra que defina esta temporada es esa. Si puedo poner más de una: espectacular, emotiva y previsible. Pero también incoherente en hechos clave.

Vamos con el ritmo. GoT, en sus cinco primeras temporadas, se había construido una fama de serie en la que aparentemente no ocurre nada en muchos capítulos. Aún así, la serie crecía año a año. ¿Por qué?

Por qué, aunque aparentemente no ocurriera nada, cada conversación servía para construir personajes, ambiciones y conspiraciones. Con ello, los finales de temporada eran lo mejor, pues todas esas construcciones colisionaban y se llevaban todo por delante, con momentos tan espectaculares como la Batalla del Aguasnegras o la Batalla en el Castillo Negro. Aunque también momentos no tan espectaculares pero con gran carga emocional y sorpresa como la decapitación de Ned Stark o la Boda Roja.

Cena Frey

En la sexta temporada vimos una evolución de ese sistema. Las tramas se aceleraron, y los dos capítulos finales son simplemente geniales, más propios de películas que de una serie. Para el final de la temporada, el universo se había contraído y nos habíamos quitado de encima los “pozos negros de minutos” de Meereen y Braavos. Todos volvían a casa. Una casa en ruinas.

En la séptima no ha habido momento para respirar. Todo ocurría ya mismo. Si te despistabas no lo veías. Esto ha profundizado en algo que se intuía en la sexta: la pérdida de esencia de la serie.

Ya no tenemos conspiraciones en la capital. Ya no vemos la crudeza de la guerra en ojos de los niños. Ya no tememos por la vida de los personajes. Aunque los diálogos siguen siendo brillantes, eso sí. ¿A qué se debe esta pérdida de esencia?

Game of Thrones se basa en la saga de novelas A Song of Ice and Fire de George RR Martin. Pero esta saga está inacabada. Mientras hubo material dónde apoyarse (temporadas 1-5) la serie se construyó su fama y su estilo. Aunque no fuera muy fiel en muchas tramas y personajes, se entiende que la complejidad de las novelas es imposible de plasmar en la pequeña pantalla. El problema vino cuando se acabaron las páginas sobre las que inspirarse para escribir los guiones.

Se sabe que Martin informó a los showrunners (Benioff & Weiss) de los pormenores de muchos personajes, de hacia dónde van las tramas e incluso como termina la historia. Pero no es lo mismo saberlo por encima que tener dos libros de mil quinientas páginas cada uno dónde lo cuenta exactamente.

Por eso veo lógico que desde la sexta temporada en adelante hayamos presenciado un acelerón en las tramas. Una contracción del universo que hace que todo se simplifique. Y si se simplifica, se vuelve más previsible.

Viserion derribando el Muro_3

Los showrunners sabían esto y como solución, cambiaron la imprevisibilidad por la espectacularidad, acercándose más a una producción cinematográfica que televisiva.

El error de este planteamiento es que están haciendo tres temporadas (veintitrés capítulos) de un equivalente a tres mil páginas (mínimo). Esto chirría si observamos que necesitaron dos temporadas (veinte capítulos) para plasmar los hechos de Tormenta de Espadas, el tercer libro que consta de mil quinientas páginas.

Creo que con un poco más de colaboración con Martin, hubieran podido sacar cinco o seis temporadas de los últimos libros, y no tendríamos esa sensación de pérdida de esencia que tenemos ahora.

Como he dicho, la serie se ha vuelto algo previsible. Prueba de ello es que muchas de las predicciones que hice en mi ensayo previo al estreno de la séptima temporada se han cumplido. Pero eso no es malo de por sí. No siempre se puede sorprender, pues hay hechos que deben suceder sí o sí. Lo que le ha costado el excelente a la temporada han sido los agujeros de guión (o guionazos) tan evidentes que hemos presenciado.

Espectro caminando hacia los Vengadores

Si por algo se caracterizaba GoT era por construir una coherencia durante toda la temporada para que los hechos del #SeasonFinale tuvieran sentido aparte de ser deslumbrantes. El capítulo seis de esta temporada, Más allá del Muro, es el ejemplo claro de lo que digo. Escenas brutales pero con una falta de coherencia igual de impresionante.

La simplificación también implica que dejamos de ver otras familias que habían estado presentes en el juego de intrigas durante la serie, y solo nos centramos en los tres que aparecieron primero. Vuelta a los orígenes: Stark, Targaryen y Lannister.

Además, disponemos de menos personajes, y por tanto cobran más importancia y gozan de más minutos. El ejemplo claro de ello es la trama del enamoramiento entre Daenerys y Jon. En temporadas anteriores no hubiese sido posible una trama de tantos minutos. Fijémonos sino en el enamoramiento entre Drogo y Dany o entre Ygritte y Jon. Muchas menos escenas, desde luego.

Algo que también he notado es la falta de tensión que sentía al ver los episodios. Por mucho que Jon cayera al lago helado, sabía que no moriría. Por mucho que Drogon recibiera una flecha en el hombro, sabía que Dany no moriría. Por muy hondo que Jaime cayera en el lago, sabía que no moriría.

Jaime en el lago

Hace ya demasiadas temporadas que no muere ningún personaje TOP. Eso es algo que creo que en las novelas va a ocurrir de un modo u otro, pero que en la serie han dejado de hacer.

Dejando todo eso de lado, la temporada nos ha permitido presencias eventos esperadísimos para lectores y espectadores. Y eso siempre suma. El Nuevo Campo de Fuego, el encuentro entre la Santa Trinidad de la saga (Jon, Dany, Tyrion), la muerte de un dragón o la caída del Muro son escenas que quedarán en la posteridad, y que los lectores podremos imaginar mejor cuando las leamos. Algún día.

Los personajes

Como en la temporada en general, en el desarrollo de los personajes hemos tenido luces y sombras. Las luces son los muchos reencuentros que se han producido. Las sombras son los tumbos de algunos personajes (Jaime y Theon los más claros) y la clara muestra de que algunos sobran. Empecemos por las luces.

Consecuencia de la contracción del universo son los reencuentros. La reunión de los Stark, la interacción Jaime-Tyrion y sobretodo Tyrion-Cersei, son sencillamente deliciosas. Aunque también en menor medida las de Brienne-Sandor, Tyrion-Jon o Dany-Jorah. Se nota que los guionistas se sienten cómodos con los personajes que los han acompañado tantas temporadas, además de que el fuerte de la serie son los diálogos.

Entrando más en lo concreto, veo muy bien llevada la relación Arya-Sansa, a pesar de que exageraron mucho las consecuencias de los choques inevitables entre las dos hermanas.

Sansa y Arya

Qué Dany ya no esté tan idealizada lo veo muy positivo. Casi ningún personaje de la obra de GRRM es totalmente blanco, y Daenerys menos aún. Aunque esto no se había visto del todo en la serie, dónde ella siempre actuaba bien y apenas tenía algún problema. En esta temporada por fin hemos visto rasgos de su megalomanía y sadismo. Aunque también hemos visto su parte más tierna cuando perdió a uno de sus hijos, o cuando ha sucumbido a su nuevo amor.

Y llegamos a un punto caliente de la temporada. El enamoramiento entre Jon y Daenerys. El célebre Jonerys. Amado y odiado a partes iguales. ¿Por qué odiado? Creo que simplemente a algunos no les gusta ver como dos de los personajes protagonistas, dos de los más queridos, dos de los más idealizados, acaban juntos. Porque eso es lo fácil en el guión. Lo típico. Y GoT será muchas cosas, pero típico no es.

Sexo Jonerys

Por otra parte, aunque me contaba entre los detractores al principio, me ha parecido que han llevado la trama bastante mejor de lo que esperaba. No ha chirriado demasiado en ningún momento, y ha parecido lógico para el desarrollo de la temporada y del final de la serie. Desde luego será muy interesante ver las consecuencias que tendrá el verdadero origen y nombre de Jon en esta relación incestuosa. Vamos con las sombras.

Como ya he comentado muchas veces, en la serie tenemos a un Jaime y en las novelas tenemos a otro muy diferente. Y prefiero mil veces al de las novelas. Ese es un hombre que renace cuando le cortan la mano de la espada, la mano que lo definía como el infame Matarreyes. A partir de ahí, evoluciona hacía un hombre honorable, queriendo escribir una historia diferente con su vida desde entonces. Por eso deja en la estacada a Cersei cuando esta le pide que vaya a defenderla a la capital, muriendo por ella si es necesario. Pero Jaime ya no es un títere de Cersei, él quema la carta y sigue adelante.

En la serie en cambio, no somos testigos de un momento de ruptura como ese. Al menos hasta este final de temporada. Debemos agradecer que por fin haya llegado, pero también lamentar que no se diera antes.

Jaime perplejo

Y es que antes, lo que hemos presenciado es un recorrido irregular. Dependiendo de si estaba Brienne enfrente o Cersei, Jaime se comportaba como dos personas distintas. La sensación que da es que no querían separar a los hermanos tan temprano en la serie y los guionistas iban posponiendo la inevitable ruptura.

Que los showrunners ya no puedan apoyarse en las novelas se puede ver también en que no saben muy bien qué hacer con muchos personajes, y les destinan a vagar por las escenas sin un propósito claro. Ejemplos de ello son: Petyr Baelish, Brienne de Tarth, Melisandre, Varys, Jorah Mormont o Theon Greyjoy.

El caso más claro es el de Meñique. Desde qué llegó al Valle y sus páginas en las novelas se acabaron, no ha tenido ninguna trama en la que fuera realmente importante. En la quinta, vende torpemente a Sansa a los Bolton, y ayuda a la caída de Cersei. En la sexta sale en tres o cuatro escenas, manipulando alto y fuerte a Robert Arryn, lo que se me chirría por su estilo más secreto. Y en esta séptima se dedica a deambular por Invernalia y echar miraditas hasta casi el final de la temporada, cuando los guionistas le dieron una pequeña trama de conspiración que les sirvió de excusa para sacárselo de encima.

Meñique en el palco

Bonus track

Otro aspecto que me gustaría comentar son los magníficos escenarios exteriores de los que hemos disfrutado en esta séptima temporada. Rocadragón, Guardiaoriente y el Muro, Pozo Dragón, las criptas de la Fortaleza Roja… Todos ellos espectaculares. Como contraparte las decepciones fueron Roca Casterly y Altojardín, que ya comenté que eran muy distintos a la representación que tenían en las novelas.

Puntos altos de la temporada

  • El Nuevo Campo de Fuego
  • La reunión de Pozo Dragón
  • Los reencuentros Stark
  • Las muertes de Olenna Tyrell y Tyene Arena

Puntos bajos de la temporada

  • El plan de Tyrion para conquistar el Trono de Hierro
  • El plan para capturar un espectro (poco coherente)
  • La formación de los Vengadores de Poniente
  • La forzada pelea entre las hermanas Stark
  • El tratamiento que han dado al matrimonio de Rhaegar Targaryen y Elia Martell y la legitimización de Jon

Conclusión

En conclusión, hemos disfrutado durante siete intensas semanas  de redoble de GoT en su versión más hollywoodiana. En mi opinión ya no es el Game of Thrones de los primeros años, aunque también nos guste.

La sensación general es que tenemos a los mismos personajes pero con tramas que no parecen del todo del mismo universo que ha creado GRRM, o al menos, no la misma complejidad.

A pesar de ello, los momentos emotivos (que han sido muchos), las escenas que llevamos tiempo esperando ver y la espectacularidad de muchas de ellas le suben la nota a la temporada. Aunque no para considerarla la mejor de toda la serie, al menos para mí.

Sigamos disfrutándola ya que para la próxima y última aún queda un largo tiempo.

¡Saludos picarescos!

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