La review pícara. The Knight of the Seven Kingdoms

Introducción

Llegó y se fue muy rápido. Sin tiempo de paladearla. Un torbellino que nos ha sacudido y se ha ido casi sin despedirse.

The Knight of the Seven Kingdoms ha sido una obra corta pero maravillosa. Tal como fue el libro que se ha adaptado a la pequeña pantalla.

Esta review no será un resumen de la temporada, ni un análisis de la calidad televisiva de la serie, si no una opinión sin filtro de un amante del universo de Canción de Hielo y Fuego. Si quieres profundizar un poco en detalles que no se explican pero que están ahí, sigue leyendo. Si no te interesa lo más mínimo el universo literario de Martin, puedes despedirte aquí mismo. No te lo tendré en cuenta.

Se vienen spoilers de la primera temporada de la serie, evidentemente. Pero no de las próximas temporadas, puedes seguir tranquilo.

Impresión general

La primera idea que tuve para escribir esta review fue: “joé, que diferente es esto de Game of Thrones y de House of the Dragon”. Evidentemente en cuanto a contenido, duración y complejidad, pero también destaca mucho el tono. Aquí no se libran guerras continentales, ni nos preparamos para el fin del mundo, ni hay dragones que te pueden comer.

The Knight of the Seven Kingdoms es una historia mucho más relajada (incluso con cierta dosis de humor escatológico), de solo dos protagonistas claros, de invertir tiempo en ellos y en sus vínculos e ideales, de profundizar en el mundo de la caballería y en qué significa ser caballero en Poniente.

Si antes nos movíamos por todo el continente de Poniente (y a veces incluso en Essos) ahora solo nos movemos por la explanada de Vado Ceniza. Si antes nos pelábamos de frío más allá del Muro y nos achicharrábamos en Meereen, ahora simplemente nos mojamos bajo varias lluvias en un mismo campamento. Si antes veíamos nacer bebés-sombra y dragones, ahora la única mención mágica son los sueños del pobre Daeron. 

Hemos pasado de macro a micro. Ha sido igual de interesante. Lo que consiguió Martin con estas historias cortas sobre Dunk y Egg (él los llama los Cuentos) fue dejar de lado todo el ruido de los tronos, situar la historia en un momento de relativa paz y sumergirnos en la vida costumbrista, con sus pequeños problemas y conflictos.

Y eso nos lleva a la segunda idea principal de mi review: la adaptación de la obra de Martin ha sido fantástica y bastante fiel, y eso significa qué hemos podido ver el tema del primer cuento en todo su esplendor. El tema de la caballería y el honor que, supuestamente, lleva asociado. Dunk empieza la historia valorando si dedicarse a la caballería, hacerse soldado en una gran ciudad o simplemente ir vendiendo los caballos para vivir como un rey… durante unos años antes de tener que mendigar. Opta por la vida de caballero por dos razones.

La primera, logística. Tiene el material y equipo necesario para ser caballero, no granjero. ¿Por qué no aprovecharlo?

La segunda, romántica. Dunk se ha emborrachado del ideal de caballería. Él de verdad cree que los caballeros existen por los juramentos que pronuncian (proteger al inocente, actuar con justicia…). Quizá se lo debe al viejo ser Arlan aunque, por lo visto en los flashbacks, no es precisamente un ejemplo a seguir en muchos otros asuntos. Dunk quiere formar parte de esa supuesta élite de la sociedad que encarnan el bien sobre el mal y que luchan para que el primero prevalezca. Así que ¿por qué no ser caballero?

En Vado Ceniza vemos cómo se entiende la caballería en Poniente. Fiestas, fama, brillantes armaduras y alguna que otra muerte. Pero vemos poco de “proteger al inocente”, hasta que Dunk, seguramente por otros motivos (ay, el joven ardor), toma la escena y ”hace de caballero” de verdad. Lo más delicioso de todo es que, justo este ser que encarna los mejores valores de la caballería, nunca fue nombrado caballero. El mejor de ellos, simplemente no lo es. Y el otro que también lo encarna, se muere. Esto es muy Martin.

Los personajes

Ser Duncan el Alto (Dunk)

Dunk es, sin discusión, el gran protagonista. En el relato es el punto de vista absoluto y la serie mantiene esa centralidad: todo lo vemos a través de sus ojos, de su ingenuidad y de su creciente desengaño. Es el héroe clásico que va aprendiendo sobre la marcha, pero con el matiz martiniano de que su mayor virtud —creer en la caballería— es también su mayor problema. Simbólicamente encarna el ideal puro del juramento, la versión más honesta de aquello que el sistema ha convertido en espectáculo. En ese sentido, la serie es muy fiel.

Donde sí introduce cambios es en el trasfondo. Los flashbacks amplían su pasado y le añaden un objetivo explícito —“encontrar una familia”— que en el relato no existe como tal. Personalmente, me parece que es un añadido innecesario ya que no altera la historia: si lo eliminas, el arco funciona igual. Dunk no necesita encontrar ninguna familia; le basta con su testaruda fe en el honor. En lo audiovisual, el casting es muy acertado: es enorme, físicamente imponente, pero con esos gestos algo tontorrones que la cámara permite captar y que en el libro solo intuimos. Su discurso ante los caballeros es más airado, más exigente que en el texto, donde su tono es casi suplicante. Aquí no pide: reclama. Y funciona muy bien en pantalla.

Aegon Targaryen (Egg)

Egg es el segundo protagonista, aunque siempre un paso por detrás de Dunk. Donde más crece es en la profundidad de su relación con el mismo Dunk. En la serie se construye mejor esa idolatría progresiva del niño hacia el adulto; entendemos por qué decide seguirle. En el libro se sobreentiende, pero no se desarrolla con tanto mimo.

Eso sí, la adaptación lo oscurece ligeramente. Aquí vemos impulsos que en el relato no aparecen: intenta asesinar a Aerion y miente a su padre para huir con Dunk. Son decisiones que lo hacen más complejo, quizá más moderno, pero también más ambiguo. También da la sensación de que en ciertos momentos se ha romantizado la relación entre ambos, casi como si fuera un amor prohibido, cuando la fuerza de su vínculo no necesita ese subrayado. Aun así, el casting es excelente: el actor transmite esa mezcla de orgullo, vulnerabilidad y emoción —especialmente en su reacción ante la posibilidad real de ser escudero— que sostiene gran parte del tono de la serie.

Baelor Targaryen

Baelor funciona como mentor y salvador, tanto para Dunk como para el propio espectador. Es el Targaryen ideal, el “Ned Stark” de su casa: honorable, sensato, dispuesto a enfrentarse a su propia sangre si la causa es justa y a él también lo mata Martin. Esa muerte incluso está anticipada simbólicamente en los sueños de Daeron: el gran dragón muerto junto a Dunk.

La serie lo retrata con mucha fidelidad. El casting, aunque menos imponente físicamente de lo que uno podía imaginar, transmite calma y autoridad moral. Es un personaje muy “blanco”, sí, pero funciona. Y, si algo funciona en Martin, ¿para qué tocarlo?


Aerion Targaryen

Aerion es el antagonista claro, la contraparte moral de Dunk y Egg. El foco natural del odio del espectador. Tiene algo del canalla carismático —recuerda por momentos al príncipe Daemon Targaryen de House of the Dragon—, pero despojado de cualquier redención. El casting es muy apropiado: tiene esa presencia inquietante y esa soberbia que necesita el personaje. Quizá en la serie se le percibe algo más contenido; en el relato estalla con mayor violencia cuando se siente humillado.

La adaptación le añade cierta profundidad a través de los comentarios de su hermano Daeron, lo que amplía ligeramente su dimensión más allá del simple villano. Aun así, es bastante fiel al texto, con pequeños cambios en su comportamiento público —en el libro se contiene más ante Maekar, mientras que aquí humilla abiertamente a Lord Ashford— que funcionan bien en pantalla.

Lyonel Baratheon

Y luego está Lyonel, probablemente el personaje que más cambia respecto al relato. En el libro apenas ocupa unas líneas; aquí se convierte en un desahogo cómico constante, casi en una voz externa que comenta con ironía la cultura de Poniente. Se le ha dado un perfil más cercano al Tyrion de turno: lengua afilada, mirada crítica, carisma inmediato. Incluso visualmente rompe un poco con el canon —ese pendiente—, como si la serie quisiera subrayar su diferencia.

El casting quizá no encaja del todo con la descripción literaria —en el texto es una mole, más cercano a un Robert Baratheon joven—, pero el actor destila simpatía y presencia. La fidelidad es baja en términos estrictos: personalidad y función cambian bastante. Sin embargo, como recurso televisivo funciona. Y en una historia tan contenida, un personaje así ayuda a equilibrar el tono sin traicionar el espíritu general del cuento.

Como único ”pero”, no se ha remarcado en ningún momento la razón de su apodo “Tormentalegre” o “La Tormenta que Ríe” (The Laughing Storm, en inglés). En el relato se le llama así por su propensión a reírse en cada lance de las justas, como menospreciando al rival constantemente.

Lo más TOP

  • El discurso de Dunk y la entrada de Baelor. Mucho más potente que en el relato.
  • El combate. Más largo y agobiante en pantalla.
  • El casting. en general, muy bien logrado y con actuaciones que añaden respecto al relato.
  • El ritmo. Aun siendo calmado no se hace pesada.

Lo más MEH

  • El hate reiterado a los Targaryen. No es necesario y se recrean en ello (el populacho intentando agredir a Aerion, insultos de Fossoway y Lyonel…). No es fiel al relato y no suma nada. Hubiera sido más interesante si se nombrara a los Fuegoscuro en contraposición (perdona, ¿quién?)
  • Egg escapando. En el texto, es Maekar quién escucha a Dunk y accede a enviar a su hijo pequeño como escudero del caballero errante, para que se crie en un ambiente distinto de sus hermanos. Se ha querido pintar a Maekar como un segundo villano, también innecesariamente. Es un personaje poco simpático también en el relato, pero en absoluto negro como Aerion. Este cambio tiene fuertes implicaciones para la siguiente temporada, en el siguiente clímax. A ver cómo lo solucionan.

Detalles del Capitán Canon

Y ahora la sección favorita de todo el mundo mundial, Ricard vomitando información que nadie le ha pedido:


¿Por qué Baelor y su hijo tienen el pelo negro?


Los Targaryen tenían todos pelo blanco, ¿no? Efectivamente querido lector, pero esto es preciso y buen casting. Seguimos fallando con los ojos violeta pero no fallamos con el pelo. La madre de Baelor y Maekar era la princesa Mariah Martell de Dorne, que era morena tanto de pelo como de piel. Su primogénito (Baelor) con el rey Daeron heredó el pelo oscuro, pero otros hijos no (Maekar).


Todo el pasado de Dunk es relleno


Funcional y positivo, pero relleno. Nunca se ve a Rafe, no existe. Dunk era un pequeño diablo por las calles de Desembarco del Rey al que Ser Arlan rescata en cuanto se le muere su escudero anterior en una guerra (su sobrino Roger del Árbol de la Moneda).


La Rebelión Fuegoscuro


Hay tres momentos en que la dinastía Targaryen se tambalea, y en una de ellas se cae: la Danza de los Dragones (lo vemos en House of the Dragon), la Primera Rebelión Fuegoscuro y la Rebelión de Robert (lo que lleva a Robert al Trono de Hierro en Game of Thrones). En muchos capítulos de The Knight of the Seven Kingdoms se hace referencia velada a la Rebelión Fuegoscuro (una canción de Egg, el herrero de Desembarco que no acepta acero del dragón negro).

A modo resumen, un bastardo Targaryen, Daemon Fuegoscuro se rebeló contra su medio hermano Daeron Targaryen (el padre de Baelor) y se coronó rey. Después de una sangrienta guerra, lo mataron, pero no a todos sus hijos. Sabremos más de ello en próximas temporadas, pero no olvidemos el nombre. Como curiosidad, esto también es una diferencia respecto al relato, ya que cuando se redactó Martin todavía no había pensado en los Fuegoscuro, ergo, no hay ni una mención en The Hedge Knight (el relato en el que se basa esta temporada).


Los Fossoway


Si bien en Game of Thrones nunca se menciona a los Fossoway, en las novelas si son un actor medio. Y se nos habla de los Fossoway de la manzana roja y los de la manzana verde. En la serie asistimos a la creación de esta sub rama de la familia.


¿Siete o nueve reinos?

Debo confesar que me encantó el guiño final de la temporada a una batalla que hemos tenido los frikis de la saga: ¿por qué decimos siete reinos si realmente son nueve regiones? Aquí las nueve regiones que nombra Egg:

  • El Norte (Starks)
  • El Valle de Arryn (Arryns)
  • Tierras de los Ríos (Tullys)
  • Las Islas del Hierro (Greyjoys)
  • Tierras de Occidente (Lannisters)
  • Tierras de la Corona (Targaryens/Baratheons/Lannisters)
  • Tierras de la Tormenta (Baratheons)
  • El Dominio (Tyrells)
  • Dorne (Martells)

El nombre “Siete Reinos” se estableció en la Conquista de Aegon, y en ese momento había siete reinos, pero nueve regiones, ya que las Tierras de los Ríos dependían del rey de las Islas del Hierro y las Tierras de la Corona no eran un reino como tal, si no más bien una tierra sin ley disputada por los tres reinos limítrofes. Y cómo bonus, Dorne nunca ha sido un reino si no un principado. Así que, realmente, seis reinos, un principado y dos regiones. Pero no suena tan bien como Siete Reinos ¿verdad? 

Conclusión

The Knight of the Seven Kingdoms ha hecho algo que parecía sencillo pero no lo era en absoluto: adaptar a Martin sin intentar “mejorarlo”. La fidelidad no ha sido solo argumental, sino tonal. Se ha respetado el corazón del relato —la reflexión sobre la caballería, el honor y la hipocresía del sistema— y, cuando se ha añadido material, ha sido en su mayoría funcional. Relleno, sí, pero un relleno que no contradice el espíritu original ni lo deforma, algo que no siempre se puede decir de otras adaptaciones del mismo universo.

Es cierto que aquí bajamos el ritmo y la ambición. No hay caminantes blancos, no hay dragones surcando el cielo ni guerras que deciden el destino del mundo. Pero precisamente ahí está su virtud. Hemos pasado del estruendo al murmullo, del tablero político continental a una explanada embarrada donde un caballero errante decide si sus juramentos significan algo. Y funciona. Funciona porque los personajes sostienen la historia, porque el juicio a siete es tan tenso como cualquier batalla épica y porque el discurso de Dunk, más potente incluso que en el relato, encapsula la esencia de todo el proyecto.

Como inicio de los Cuentos de Dunk y Egg en televisión, es difícil pedir más. Ha sabido ser pequeña sin sentirse menor, íntima sin resultar irrelevante. Si las próximas temporadas mantienen esta línea —respeto por el texto, comprensión del tema y valentía para no convertirlo todo en espectáculo— podemos estar ante la adaptación más coherente del universo de Canción de Hielo y Fuego. Y eso amigo lector, es una muy buena notícia.

¡Saludos pícaros!

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